SER CIEGO
La falta de un más allá, de un cielo, trastoca de tal modo el alma que nos deja desnudos de toda esperanza.
La falta de un más allá, de un cielo, trastoca de tal modo el alma que nos deja desnudos de toda esperanza.
El resultado de todo este proceso no puede ser otro que el de la cancelación mutua porque parece que ya no hay síntesis a la que llegar. Pero, sorpresa, porque aparece el transhumanismo, el ciborg, que está desligado del sexo y de la carne corrupta, en pro de la “pureza y la indestructibilidad” del silicio
desde que el hombre es hombre, ha considerado que hay una vida eterna más allá de este mundo. Los ritos funerarios, que son universales hasta el presente, tienen su razón de ser en la consideración de que el ser humano no es un bicho más que puebla este planeta, sino que es un ser trascendente
Como señala la propia ONU grosso modo, desde hace dos años, 13 de los objetivos se han estancado (con sus respectivas metas), 2 están en retroceso, y los otros dos avanzan lentamente
Una insinuación que persiste: tener más de dos hijos es una irresponsabilidad. Son autores intelectuales del ‘suicidio’ poblacional de Occidente, en el que España es campeón: un país de viejos en franca retirada necesitado de migrantes.
El quimérico Frankenstein es paradigma de lo monstruoso, no solo desde el punto de vista de la armonía de sus miembros, que lo hace bascular de manera torpe y aberrante, sino la de una criatura fabricada por quien usurpa el puesto del Creador usando restos escombrados. No en vano, la novela de Mary Shelley lleva por subtítulo «el moderno Prometeo», pues el engendro resultante ha sido hecho, fabricado, producido como efecto del ingenio del hombre, de su ciencia y de su técnica pervertidas por su afán prometeico de hacerse a sí mismo.
Hay quien en efecto, cose, incluso a destajo, pero se olvidó de enhebrar el hilo: la aguja pasa, pero como pasa el agua por la torrentera: al rato, está toda seca de nuevo.
Ella le presta la firmeza y la dulzura. Y él la mira con ojos de enamorado, con esa mirada que solo en los niños he sido capaz de captar
Me parece que hay que desechar esa enfermedad del alma que consiste en ser incapaz de ver lo bueno que hay en los demás: es desagradecimiento vital. En el fondo indica que soy yo el que he de cambiar. Las distorsiones encapotan y nos incapacitan para ver la bondad. Que estemos en un mundo imperfecto es desde luego un acicate, ya que nos espolea a mejorar, a pelear, a luchar, en el sentido clásico y bíblico de la expresión: esto es lo que nos hace mejores. Y conviene que las cosas sean así.
Ya no sabemos muy bien si hablamos de entomología, dipterología, sexualidad o antropología, o lenguaje de la calle. En fin, es tal el desbarajuste mental que todo esto produce que no me extraña nada que además de hacernos un lío con la biología nos enredemos con la gramática.