LO QUE NECESITAN EUROPA Y ESPAÑA
Hay un factor que, en mi opinión, hoy más que nunca, resulta necesario: la confianza. La creciente distancia que los ciudadanos perciben respecto a sus políticos es preocupante.

El ser humano es un ser religioso porque pregunta. La filosofía enfoca una gran variedad de cuestiones existenciales. El conocimiento, la verdad, la moral, la fe, la felicidad, la libertad, la ética, el sentido de la vida, el sufrimiento y la muerte es el ámbito por antonomasia de lo auténticamente personal.
Contamos con filósofos y teólogos que han dedicado su vida a las grandes preguntas que todos nos hacemos. La lectura de sus estudios y artículos, los libros que desmenuzan o las conclusiones de sus conferencias son una orientación fundamentada para todos los públicos. Tenemos al alcance una posibilidad de preguntar, aprender y debatir:
Hay un factor que, en mi opinión, hoy más que nunca, resulta necesario: la confianza. La creciente distancia que los ciudadanos perciben respecto a sus políticos es preocupante.
El Papa aborda la cuestión, y sus efectos colaterales, haciéndonos caer en la cuenta de un aspecto decisivo: no es el hombre para la IA, sino la IA para el hombre. Nos acecha un gran peligro: el dominio de las plataformas, las infraestructuras, los datos y la capacidad de cálculo es prerrogativa de grandes actores económicos y tecnológicos que determinan las condiciones de acceso, las reglas de visibilidad y las mismas posibilidades de participación.
Hemos de pensar más allá de lo que cuentan los libros de historia. Se dice que el tiempo pone a cada uno en su sitio. Sin embargo, quien pone a cada uno en su sitio no es el tiempo, sino la eternidad. El tiempo se consume -tempus fugit-: cronos devora a sus hijos; y lo que considerábamos sólido se desmorona convirtiéndose en escombros.
¿Qué es entonces estar en su sitio? ¿Acaso es encontrarse en el lado correcto de la historia? Para algunos es posible que sí; pero va a ser que no. Muchas personas han estado en el lado correcto de la historia y, sin embargo, su vida pareció un fracaso; y al revés, también, pero lógicamente peor. Podemos poner, sin ir más lejos, como ejemplo, la figura de Jesucristo quien fue crucificado por no estar en el lado correcto de la historia (¿?), aunque estuviera, sin duda, en su sitio.
Pero, viéndola desde lo interior de tu yo, traigo aquí otra aportación de otro psicólogo. En efecto, Kohlberg, en el libro El desarrollo moral (1987), en la introducción o prólogo al mismo, afirma que la religión vivida coherentemente significa el mayor grado de autorrealización. O sea, que para que tu seas persona madura, completa y equilibrada necesitas, al menos, conocer la religión. Y, por el análisis de las asignaturas, en la escuela se enseña el significado de la religión, no se enseña el catecismo.
El Meteorológico de Aristóteles no ha sido superado todavía, como en otras disciplinas de la Naturaleza, aunque se hayan introducido observaciones precisas apoyadas en el progreso de la ciencia. Otro tanto sucede con la Geología que no es sustancialmente diversa de la concepción aristotélica. Seguimos, pues, casi en el mismo nivel: lo que menos conocemos es el suelo que pisamos y el aire que respiramos.
La Cuaresma no es un tiempo triste, sino una invitación a revisar la propia vida, a simplificarla. El objetivo del ayuno es educar el deseo. En una sociedad marcada por la inmediatez, aquí y ahora, el ayuno nos recuerda que somos capaces de autocontrol y de dominar los impulsos y no depender de ellos. Al experimentar una carencia voluntaria, tomamos conciencia también de nuestros límites y de la fragilidad corporal que nos atenaza; y esto nos libera: porque muchas cosas no son necesarias.
El estado aconfesional (el nuestro) no es un estado laico (laicista) que ignora la realidad religiosa existente entre sus miembros, sino un estado que no tiene confesión propia, pero reconoce la existencia religiosa entre sus ciudadanos. Lo cual es lógico, teniendo en cuenta que quien tiene fe -o deja de tenerla- no es un ente abstracto, jurídico e impersonal, como el estado, inexistente a tales efectos, sino las personas
León XIV se detiene a considerar que la paz -«la tranquilidad en el orden», como la definiera san Agustín- es ciertamente una tarea, pero sobre todo un don que viene de lo alto y que, por tanto, hay que implorar
Cualquier ente no está obligado a desvelar el contenido de conversaciones confidenciales, aunque sí advertir de aquellas resoluciones que afectan a los empleados, clientes, pacientes, ciudadanía, etc.