CATÁSTROFES

 

Pedro López. Grupo de Estudios de Actualidad

Publicado en Levante, 14 de septiembre de 2023

Con fecha 23 de agosto de 2023, Levante-EMV se hacía eco de un apunte del ecólogo William Rees que predice que en 2058 la población mundial alcanzará la cifra de 10.000 millones de personas; y entonces será el punto de inflexión: el planeta ya no podrá sostenernos en unas condiciones satisfactorias y sobrevendrá un «colapso civilizatorio» debido al agotamiento de los recursos, cambio climático, crisis económicas, pandemias y guerras. Menos mal que Rees no pronostica la extinción de la humanidad, pero sí la sexta extinción masiva de especies. Malthus, que escribió en 1798 su ensayo sobre población, fue el primero en pronosticar el colapso poblacional: consideró que los alimentos aumentaban en progresión aritmética mientras que la población lo hacía en progresión geométrica. No fue así, afortunadamente. Aunque, desde entonces, aparecen periódicamente pseudo-profetas de desdichas que morbosamente atraen la atención del público.

En 1973 se publicó el famoso informe del Club de Roma que pintaba un negro horizonte: sobra gente y no llegaremos incólumes al 2.000. Pero de lo único que se habló, al doblar el milenio, era del efecto en los ordenadores que podría tener el 00 de 2.000 interpretándolo como 1.900. De lo otro, ni palabra. Fue famosa la disputa entre Paul Ehrlich, un entomólogo, especialista en mariposas, que publicó un libro titulado La Bomba Demográfica y Julian Simon, economista, que refutó la tesis de Ehrlich en otro libro El Último Recurso. Ehrlich anunciaba que la población humana era demasiado grande y sobrevendría una serie de desventuras, que quizá pudieran mitigarse, pero no evitar: graves hambrunas, propagación de enfermedades, malestar social y otras consecuencias negativas de la superpoblación. Y que en la década de los 80 comenzaríamos a percibir esos infortunios. ¿Qué ocurrió? Nada. Una siembra de turbación. Una insinuación que persiste: tener más de dos hijos es una irresponsabilidad. Son autores intelectuales del ‘suicidio’ poblacional de Occidente, en el que España es campeón: un país de viejos en franca retirada necesitado de migrantes.

Simon rebatió los argumentos de Erhlich. Apostaron 1.000 dólares a 10 años, sobre quién tendría razón acerca de las predicciones de uno y otro. Simon ganó la apuesta para fortuna nuestra. Por cierto que junto a Erhlich también se sumó el malogrado Stephen Schneider quien advertía que «tenemos que ofrecer escenarios aterradores, hacer declaraciones dramáticas y simples, y poca mención de cualquier duda que podamos tener. Este ‘doble vínculo ético’ en el que nos encontramos frecuentemente no puede resolverse con ninguna fórmula. Cada uno de nosotros tiene que decidir cuál es el equilibrio adecuado entre ser eficaz y honesto. Espero que eso signifique ser ambas cosas». ¡Curiosa elección/equilibrio entre efectividad o/y honestidad! El precio de este alarmismo es probable que haya sido cierto descrédito entre los expertos, aunque permanezcan callados. A la población se la mantiene entretenida con artistas invitados como Greta Thunberg. Felizmente llevamos más de dos siglos en los que los portavoces de desgracias no han atinado; y aunque los humanos nos metemos en berenjenales se debe a nuestra idiocia.

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