COMO UNA ANCHOA
Hay que volver a lo que se denomina filosofía del cuidado, que es interés desinteresado por los demás. Hay que aprender a donar, pero también a aceptar

El ser humano es un ser religioso porque pregunta. La filosofía enfoca una gran variedad de cuestiones existenciales. El conocimiento, la verdad, la moral, la fe, la felicidad, la libertad, la ética, el sentido de la vida, el sufrimiento y la muerte es el ámbito por antonomasia de lo auténticamente personal.
Contamos con filósofos y teólogos que han dedicado su vida a las grandes preguntas que todos nos hacemos. La lectura de sus estudios y artículos, los libros que desmenuzan o las conclusiones de sus conferencias son una orientación fundamentada para todos los públicos. Tenemos al alcance una posibilidad de preguntar, aprender y debatir:
Hay que volver a lo que se denomina filosofía del cuidado, que es interés desinteresado por los demás. Hay que aprender a donar, pero también a aceptar
Hay sombras; pero, en medio de ese cuadro de contrastes, surge una chispa: no todo está encapotado. Hay signos, intuiciones, ejemplos, actitudes y personas que nos hablan de que más allá de la duda hay Alguien que nos espera y que dará cuenta cabal de todo aquello que ahora nos turba o inquieta
Lo luminoso desecha las tinieblas. Para ver hemos de tener luz: de noche todos los gatos son pardos, dice el refrán. De modo que lo primero es intentar que en nuestra mente se haga la claridad: al pan, pan; al vino, vino. Si no, la confusión está servida.
Cuando se habla con el alma no ha lugar para el engaño, el engatusamiento, el flirteo. En la soledad acompañada del corazón no cabe la impostura ni la mentira.
l orden supone un final, pero no un final cualquiera, por consunción, sino un final que es a su vez finalización. El orden también supone no solo finalización, sino también finalidad. Finalidad es saber por qué hago las cosas. Dirigirme. Poseerme.
Sin embargo, parece que parlotear ahora, en los tiempos que corren, de salvación no es políticamente correcto, porque pensamos que no necesitamos de salvador alguno. Quizá porque nos sentimos lo suficientemente adultos para que no nos vengan con monsergas. Craso error. Porque todos estamos necesitados de la ayuda, del cariño, del estímulo de los demás. Nadie es un verso suelto.
las convicciones que antaño abrigamos, y que nos mantenían tensos, hoy se han disipado y ya no son suficientemente sólidas para mantener una actitud digna ante el misterio de la vida, que hoy está agostada
La medida de la alegría no estaría tanto en la acumulación de bienes como en el cuidado de los vínculos personales
¿Por qué tanto sufrimiento? ¿Por qué tanta barbarie? ¿De verdad está sucediendo lo que nos cuentan los noticiarios y los diarios? ¿Será acaso un mal sueño y todo es irreal?
Así pues, la contribución de los ciudadanos a la paz consiste en saber convivir con los otros, con los divergentes, con los que piensan de otra manera. En cristiano, es el amor a los demás, la comprensión y la transigencia, la empatía con quien consideramos que está errado