LA GRABACIÓN
Cualquier ente no está obligado a desvelar el contenido de conversaciones confidenciales, aunque sí advertir de aquellas resoluciones que afectan a los empleados, clientes, pacientes, ciudadanía, etc.

El ser humano es un ser religioso porque pregunta. La filosofía enfoca una gran variedad de cuestiones existenciales. El conocimiento, la verdad, la moral, la fe, la felicidad, la libertad, la ética, el sentido de la vida, el sufrimiento y la muerte es el ámbito por antonomasia de lo auténticamente personal.
Contamos con filósofos y teólogos que han dedicado su vida a las grandes preguntas que todos nos hacemos. La lectura de sus estudios y artículos, los libros que desmenuzan o las conclusiones de sus conferencias son una orientación fundamentada para todos los públicos. Tenemos al alcance una posibilidad de preguntar, aprender y debatir:
Cualquier ente no está obligado a desvelar el contenido de conversaciones confidenciales, aunque sí advertir de aquellas resoluciones que afectan a los empleados, clientes, pacientes, ciudadanía, etc.
La situación que estamos viviendo en España es extraña y enrevesada. Y conviene suscitar una reflexión de lo que está sucediendo. En ninguna otra organización, incluso en la administración pública, sucede lo que está pasando en los partidos políticos con afiliados que mienten directa y llanamente sobre unos estudios nunca realizados y titulaciones falsas, cuando además, en la inmensa mayoría de los casos, no son necesarios para ocupar los cargos que ostentan. ¿Por qué mienten? ¿Es que los partidos no son capaces de solicitar la correspondiente documentación antes de subirla a los portales virtuales? ¿Qué clase de indocumentados nos están dirigiendo?
Y entonces, la realidad, como relato, es maleable para el que delira, que re(de)forma continuamente la narrativa, como revela George Orwell en su novela distópica 1984: el poder tiránico rehace y desface una y otra vez la historia, porque “quien controla el pasado se hace con el futuro; y el que domina el presente, controla el pasado”, eslogan del comandante en jefe. Orwell desentrampa este ardid, pues lo que ahora es verdad ha sido verdad siempre y lo seguirá siendo.
la mentira, porque genera indefensión, inseguridad, duda, falta de credibilidad, complica las relaciones sociales y, en última instancia, requiere de la intervención de otros asegurando los contratos, con los correspondientes costes añadidos.
Entró en ella y le pidió al dependiente un crucifijo pequeño, pero que fuera de la marca inri:
La evolución entendida como proceso azaroso ha hecho del ser humano un producto fallido, repleto de errores indeseables, del que la muerte no es más que una brutal imposición. En otras palabras, solo la voluntad hace posible que el hombre se redima con sus solos bríos construyendo el edén en la tierra por medio de una “ingeniería del paraíso”
Aquel hombre del sombrero no llegó a conocer todo este desarrollo de la medicina de los últimos años y murió casi en la era del bicarbonato. En cualquier caso, como es fácil comprobar, mantenía un error: el bicarbonato no es la mejor solución para la úlcera péptica; pero la ciencia de su tiempo no lo sabía. Lo cual quiere decir que su creencia, en realidad, solo se reducía a la existencia de Dios.
Mi conclusión es que el hombre de hoy carece de esperanza. Su horizonte es heideggeriano: todo acaba aquí. Arrojados a un mundo absurdo, se cierne la lóbrega oscuridad, el abismo de la nadería. Sin la gran esperanza, que trasciende lo presente, que va más allá de lo de acá (“cuán poco lo de acá, cuan mucho lo de allá”, recitaba Teresa de Ávila), y que nuestro destino, además de libre se nos promete eternamente gozoso, no resultaría posible mantenerse de pie ante las adversidades, como los tentetiesos, esos muñecos que se tiran y siempre caen en vertical.
Platón prosigue la labor comenzada por su maestro. Considera que lo que indagaba Sócrates no es un mero constructo humano: hay algo superior, una idea objetiva que nos trasciende. Y esa es la deidad, de la que solo vemos en esta vida un pálido reflejo –como se describe en el mito de la caverna-, pero objetiva las cosas y a nosotros. Desde entonces sabemos que no da lo mismo una cosa que su contraria; una verdad que una mentira.
Los voluntarios fueron los primeros en llegar a las zonas más afectadas, llenos de poderío y bullicio, como enviados de Dios. Y lo fueron, la mayoría por convicción religiosa –conviene tomar nota al respecto-, otros atraídos por el ejemplo y las ganas de los primeros. Todos con el empeño de su buena voluntad.