AYUNO Y ABSTINENCIA

La Cuaresma no es un tiempo triste, sino una invitación a revisar la propia vida, a simplificarla. El objetivo del ayuno es educar el deseo. En una sociedad marcada por la inmediatez, aquí y ahora, el ayuno nos recuerda que somos capaces de autocontrol y de dominar los impulsos y no depender de ellos. Al experimentar una carencia voluntaria, tomamos conciencia también de nuestros límites y de la fragilidad corporal que nos atenaza; y esto nos libera: porque muchas cosas no son necesarias.

FUNERALES DE ESTADO

El estado aconfesional (el nuestro) no es un estado laico (laicista) que ignora la realidad religiosa existente entre sus miembros, sino un estado que no tiene confesión propia, pero reconoce la existencia religiosa entre sus ciudadanos. Lo cual es lógico, teniendo en cuenta que quien tiene fe -o deja de tenerla- no es un ente abstracto, jurídico e impersonal, como el estado, inexistente a tales efectos, sino las personas

AYUNOS Y ABSTINENCIAS

Paradójicamente, después de haber ridiculizado, en ciertos ambientes, estas prácticas multiseculares por antiguallas, resulta que ahora son modernísimas. Para un vegetariano, por ejemplo, que ni siquiera prueba la carne, resulta ridículo que solo se aconseje no comerla ¡ocho días al año! O, para una persona que hace ayuno intermitente, se le indique que basta con hacerlo ¡dos días al año!

LA PAZ

A mi entender, la violencia radica en la reivindicación del materialismo, por el que hemos de buscar en este mundo el paraíso. Es una pretensión vana, pues aboca a una humanidad sin esperanza. Históricamente esta pretensión ha sido irrisoria, una burla en toda regla, un engaño monstruoso. No es muy difícil comprender que si todo nuestro anhelo y nuestra esperanza están en este mundo, tal y como acontece y conocemos, la verdad, estamos aviados

ES NAVIDAD

El hecho, en sí mismo considerado, es, como decía, prodigioso: el Dios que no se conforma con ver los toros desde la barrera –permítaseme este símil taurino-, sino que se abaja a la arena y se arriesga, desde la condición humana, a ser uno de nosotros, con todo lo que ello comporta de limitación, vulnerabilidad y mortalidad. Se pone a nuestro nivel, como un padre en cuclillas se abaja hasta su hijo, mirándole a los ojos, para darle confianza, paz, sosiego, después de un tropezón.

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