FRACASO ESCOLAR Y POLÍTICA LINGÜISTICA

Publicado en Las Provincias, 16 de enero de 2026

Salvador Peiró i Gregori

Grupo de Estudios de Actualidad

Hace ya años que me preocupa la situación de los alumnos que suspenden, pienso en las consecuencias personales y sociales de aquellos que no alcanzan un mínimo de enculturación y se desenvuelven con una socialización irreflexiva y carente de valores y virtudes morales. Tales consecuencias no sólo repercuten en el logro de puestos de trabajo, también en contribuir a que nuestro nivel civilizatorio se eleve; pues, en esto sucede a semejanza del árbol, o creces o mueres. Por este aspecto, el lector comprenderá que las consecuencias van más allá de la ruina de un individuo, pues acarrea pobreza, división social e ignorancia sobre cómo solucionar los retos que todo futuro conlleva. Y es que si todos juntos, por el esfuerzo de cada uno por mejorarnos (más cultura, más virtudes, que traen más competencias personales y grupales), no nos cultivamos, baja la capacidad inventiva, hay menos calidad en el trabajo, se incrementa el paro, los individuos aumentan en incompetencia… y, por la otra perspectiva, como la vida política requiere ciudadanos formados -con criterio- el fracaso académico es campo abonado para sembrar una “des-democratización” y, a río revuelto, ganancia de galgos ¿Y qué relación presenta esto con la política lingüística? Para hacer fácil la comprensión, no voy a emplear razones psicolingüísticas, ni sociolingüistas, ni sociológicas, tampoco antropológicas; sería fácil traerlas, pues abundan. Lo que voy a decir está harto demostrado. Sólo el ejemplo de dos personas maduras saliendo de la iglesia; una exclama a la otra ¡qué sermón tan elocuente! La otra, le pregunta ¿qué ha dicho? La primera replica ‘no sé, pero ha hablado muy bien. Lo mismo es aplicable para un aula de la ESO, el profe sabe mucho, pero no comprendo, de vez en cuando dice alguna palabra forastera. Y, como no lo sabe, suspende; de ahí viene la desesperación y los objetores escolares: desatención, indisciplina, incluso violencia; o timoratos ante una autoridad que no llega a ellos. Y… así salen los votantes. ¿A qué nos lleva esto? Tanto en la radio, como en TV, así como en las homilías o en las lecciones de clase en IES o escuelas, entre el que habla y el que recibe hay un mensaje. Imagine el lector si alguna vez le ha sucedido lo siguiente. Al escuchar una narración, uno está comprendiendo de seguido, pero llega un momento en el que se despistó. Al reflexionar sobre el motivo que tuvo para pensar en las moscas, encuentra que hubo una palabra, un sonido, un orden de nombres… que no ha entendido bien…, no es que no atiende, se trata de que es otra expresión lingüística diferente a la suya. Eso le hace cortar su atención, trata de interpretar, pero no llega… se fatiga mentalmente… y le es imposible aplicarse al discurso del maestro. A esas palabras o sonidos raros o desconocidos por el oyente, en la comunicación, se llaman “ruidos” (no me refiero a los ruidos que decimos vulgarmente), tales chasquidos impiden que la lección se traslade bien a la mente de cada escolar, pues le impiden descodificar; no hay referente en su cultura, no son hechos de su comunidad. Luego, si no se aclaran, viene el fracaso, el suspenso en el examen… aunque a uno le dejen pasar al curso siguiente, pues la promoción de aula no significa que se sabe.

Hay como exámenes de carácter internacional que nos dicen como estamos. Por ejemplo, la ICILS nos informa sobre nuestra competencia digital; las pruebas PISA manifiestan directamente la posición de cada organización educacional por estados o CCAA, e indirectamente enseña caminos para averiguar en qué mejorar al compararnos con los mejores. Aquí se informa sobre el idioma; también hay otra que nos señala si ascendemos o bajamos en comprensión lectora PIRLS. Pues bien, da lástima vernos a los pies de las escalas. Mi interpretación es que si en la Comunitat, que cobija a las comunidades del Reino de Valencia, en rendimiento nos encontramos de los peores de España, se debiera a que el lenguaje de enseñanza y de aprendizaje no es el oportuno. ¿Por qué? Por antropología y por teoría etnológica, sabemos que cada cultura se compone de diversos ámbitos (prácticos, técnicos, artísticos, religiosos, éticos, científicos, etc.). Pero, los habitantes de esas comunidades los han unido mediante su propio idioma. De tal modo que la Lengua Valenciana, en nuestro caso, es la síntesis de las manifestaciones culturales milenarias que hemos elaborado. Y es con nuestro idioma con lo que nos las comunicamos. Lo cual tiene un fin: que las nuevas generaciones no sean menos civilizadas que nosotros. Si lo aprenden como corresponde, será fácil que ellos innoven y vayamos hacia arriba, mejoraremos.

Desde hace miles de años nuestros antepasados han hecho cultura, lingüísticamente la expresaban a su manera; cada comarca más o menos grande tenía sus particularidades, pero desde un poco más allá del río Cenia y más abajo del Segura, había algo común, una civilización que en término medio hacía y hace que nos reconozcamos como algo. Esa unidad entre habitantes y cultura, con idioma oral, tuvo la capacidad de funcionar como una esponja: de cada civilización visitante tomaba lo mejor, y usaba los signos de la escritura que usaban. Eso se hizo sobre todo con los iberos. Estos, nuestros generadores, eran abiertos, no imponían su lenguaje a nadie, eran una unidad en una muy rica variedad. Por esto, la iniciativa, el esfuerzo, la inventiva, el arte, su liturgia religiosa… tuvo expresiones en diversos signos. Una misma cultura transmitida en caracteres fenicios, luego y a la vez en griego, después en latín, y en árabe o aljamiano… hasta que la síntesis de cultura con lenguaje estructura un idioma propio que llegó a configurarse en forma de Lengua Valenciana, por lo menos palpable antes del siglo XI, con documentos en mano que lo demuestran.

¿Y hoy? Pues hoy hay una complejidad que continúa presentando la variedad en la unidad; lo que sucede es que quienes se sienten continuadores del despotismo ilustrado desean unificar dando una lengua no idiomática, construida adrede para colonizar, consistente esta operación en eliminar la sustancia de la valencianidad. Como demuestro en un borrador de libro, entregado hace casi seis meses para su edición, se salta las bases subjetivas para que el mensaje llegue. Así, sin cultura se nos despersonaliza. De ahí el suspenso tan profundo.

La solución no consiste en dar valenciano o castellano territorialmente. Hay que aplicar la inclusión. Aquí hay tres grupos: culturales y parlantes valencianos, culturales castellanos dentro de la población valenciana y viceversa, y culturales y hablantes castellanos. La solución política no es una lengua fabricada desde otros lares, con fonética, sintaxis y palabras raras para los escolares, sin referencia a la raíz cultural de los significantes. Eso da y acarreará más y más suspensos. Hay que dejar optar entre la Lengua Valenciana real o la castellana, según opción de cada familia. Este modelo se puede llevar a cabo, dada la disminución de la ratio docente/alumnos, y la aplicación del modelo llamado “dinámica de grupos y agrupaciones flexibles de alumnos”, sería un procedimiento facilitador.

Pero, no esperemos que la masa lo pida, hay que hacer política, tener iniciativas. Lo demás, sería lo que dice PS en LP de hoy: maricomplejines.

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