AUTOMÓVIL Y HUELLA DE CARBONO

Pedro López

Publicado en Levante, 8 de febrero de 2025

Sabemos que, con la tecnología actual, un coche eléctrico vale un 50-75% más que uno de combustión; y  contamina la mitad (a lo largo de su vida útil), debido a que la producción de baterías sigue siendo un punto de impacto ambiental importante al exigir una emisión intensiva de CO₂, principalmente por la extracción de materiales como litio, cobalto y níquel. Y esto, en el supuesto de que la electricidad que gaste el vehículo durante su vida útil provenga de fuentes limpias (renovables).

Por tanto, y en resumidas cuentas, mientras no se acorte la diferencia de precio y no se alargue la huella de carbono, casi estamos en las mismas: no deja de ser, hasta cierto punto, un capricho lujoso de concienciación medioambiental. Y ‘como yo no soy tonto’, prefiero un automóvil más barato, más seguro, con la mitad de tara (peso en vacío), con mayor autonomía, además de la comodidad de recargarlo en cualquier sitio y momento. Más por menos.

Pero ahora viene la intervención: al de combustión se le forra a impuestos para impulsar la compra de eléctricos. Y como queremos ser los más aplicados de la clase, nos hemos dado un tiro en el pie de nuestra industria del automóvil, de la que hasta ahora éramos campeones. Y adquirimos el compromiso de que en 2035 ya no se fabricarían motores de combustión (gasolina y diesel). Resultado: el eléctrico es caro y problemático, el de combustión, -con los impuestos y restricciones dentro de las ciudades- y con la espada de Damocles de 2035, no compensa. Conclusión: parálisis del mercado y perplejidad del ciudadano. Solo se compra y se vende lo necesario, sin ningún alarde ni lujo. Bueno, quizá hasta cierto punto la sobriedad sea buena, pero no a la fuerza, a costa de quitarte a ti los dineros para que los gaste otro.

Ciertamente, desde hace años, la tendencia, especialmente en las ciudades, es que cada vez haya menos contaminación. Lo podemos observar en una mega-urbe como Madrid, en la que cuando hay un anticiclón potente sobre la península, y no se mueve una brizna -ya se sabe que el frío de Madrid mata a una vieja y no apaga un candil-, se forma una neblina (o boira) a modo de casquete que rodea toda el área metropolitana; pero con los años ha ido a menos, pues los motores de combustión hace tiempo que dejan escasos residuos sólidos; y las calefacciones funcionan con gas.

Además, el compromiso de la UE para 2030 es que los fabricantes de automóviles han de reducir las emisiones de CO₂ en un 55% para turismos. Y si no, multas a la fabricación con repercusión al consumidor. ¿Y si los usuarios no compran ni por esas vehículos eléctricos? Pues tenemos un problema.

Bruselas solo comparte pomposamente el gran objetivo de la agenda 2030: no tendrás nada, pero serás feliz; y tu ciudad de 15 minutos. Pero, ahora ha convocado a los fabricantes de automóviles europeos, por lo que se avecina. En toda transformación hay que ir poco a poco y no a golpetazo-decretazo-impuestazo-subvencionazo.

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