ANTOJOS

Pedro López. Publicado en Levante, 1 de marzo de 2021

Salió a colación la ley trans que está en proyecto. Me preguntaron mi opinión. Y aduje los diversos síndromes que se dan entre la población. Por ejemplo, la hiperplasia suprarrenal congénita que se produce por disponer de dos alelos recesivos que provocan un déficit de la enzima 21-hidroxilasa y que puede afectar a uno de cada 10.000 niños. Se trata de una enfermedad de las glándulas suprarrenales que, al no disponer de la enzima correspondiente, no sintetizan bien algunas hormonas (cortisol, aldosterona); y en exceso, otras (testosterona que es la hormona masculina). A los niños les afecta con una pubertad precoz y menor crecimiento corporal; y a las niñas, con un desarrollo anormal de los genitales pudiendo producir elementos masculinos, aparición de vello facial, voz más grave, etc.

También hay otros síndromes. A modo de ejemplo, el de Turner, caracterizados por la ausencia –o carencia de una parte- de unos de los dos cromosomas X (X0) que toda mujer porta (XX). Su prevalencia es de una por cada 3.000 niñas nacidas. Suelen ser mujeres con déficit de estatura, insuficiencia ovárica, etc. Otro es el de de Klinofelter: disponer de un cromosoma más (una trisomía: XXY). La prevalencia también es uno por cada 1.000 varones nacidos. Se caracteriza por la presentación de algunas características femeninas o poco viriles.

Como se muestra en este somero abanico de síndromes congénitos, no es infrecuente que una persona deba recibir determinados cuidados para desplegar una vida normal, dentro de la carencia con que la naturaleza le ha dotado.

Cosa muy distinta (o no, porque, muchas veces, estos síndromes no están siquiera diagnosticados y la persona lo desconoce), es que alguien no se encuentre “a gusto” con su propio cuerpo de varón o mujer. La situación actual de hipersexualización, en la que los impúber están sobresaturados y con acceso a todo tipo de experiencias más o menos aberrantes, hace “sentir” la atracción por el otro sexo, como una experiencia de lo que no son y les gustaría ser. Estamos ante un problema netamente psicológico y cultural que provoca un trastorno de personalidad, de identidad.

Referido al primer caso, los síndromes congénitos, nos encontramos con patologías que necesitan tratamiento médico al tratarse de una tara; y prestarles la ayuda necesaria para que sepan conllevar esa deficiencia.

En cuanto a los segundos, lo que requieren es una atención específica para superar las dificultades que encuentran ante una confusión identitaria.

Entonces, me preguntaba los oyentes, ¿para qué tanto jaleo con una ley trans? La respuesta es, en mi opinión, que no sirve. No solo es inútil para aliviar, sino que está planteada para confundir a los que, llevados por sus deseos, ven comprometida de por vida su propia identidad. La solución no es hundirlos más, sino sacarlos del hoyo en que se encuentran; y aliviarlos, aceptando lo que son y reconducir el conflicto. Pero, tal y como están las cosas, con el sexo hemos topado. Lo que para cualquier otra patología se hace, para ésta no: hay que ceder al antojo. Y luego…, pues a reclamar al maestro armero.

 

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