ACAMPADAS EN LA UNIVERSIDAD

Salvador Peiró i Gregori. Catedrático de Universidad 

Publicado en Las Provincias, 28 de mayo de 2024

Las noticias sobre los hechos se podrían resumir del siguiente modo. El 7 de octubre se atentó y secuestró a ciudadanos israelíes, hallándose más de 100 cadáveres en el kibutz Be’eri; un lunes, las fuerzas israelíes atacaron la franja de Gaza para deshacer la infraestructura armada de Hamas, así se continuó, constatando informes sobre la calificación de esta última operación como “desproporcionada”. Meses más tarde, ante la persistencia de las acciones (rehenes aún en manos de Hamas, y, sobre la zona palestina: ataques y destrucciones). Consecuentemente, hay movimientos de condena respecto a la última parte de tales acciones.

Poco después, la “reacción” contra una de las partes se intrapola en la Universidad: comenzando en abril en USnA, sumándose canadienses y europeas. En España, la U. de Valencia la inició en abril y, se extendió desde el 6 de mayo, con la convocatoria de acampadas en diversos campus españoles.

Hay que decir que la interpretación del sentido de tales acciones políticas la manifiestan los mismos rótulos: solidaridad con Palestina, boicot al apartheit israelí, fin del genocidio palestino, ruptura de relaciones diplomáticas con Israel… Como se verá se trata de ideas-fuerza –muy emotivistas- que son promovidas y firmadas por organizaciones pro-palestinas…

Al considerar dos ámbitos necesarios y loables: política y universidad, surge la necesaria valoración de los hechos. No habría que detenerse sólo en el impedimento a ejercer el derecho a la enseñanza o al aprendizaje de lo no implicados en las acampadas –que es importantísimo-, ni la manera de cómo han quedado las zonas afectadas (ya han dejado la Facultad de Fª y CC. De la Educación), sino que me interpela si tales acciones son pertinentes para la Alma Mater Populi. Recuerdo las asambleas de 1969 a 1975, que se justificaban si la acción política extra-universitaria era imposible; aunque en última instancia, si había alguna posibilidad. Hoy, las condiciones socio-culturales, procedimientos y hechos avalados por la Constitución y distinción y distanciamiento de los poderes ejecutivo y judicial, pudiera ser que no respaldaran tales acometidos en los recintos facultativos.

Para clarificar la duda, hay que considerar si tales acciones caben en el sentido de la Universidad. Si se entiende la institución como estudio general, como centro de cultura, abierta y creadora, con respeto a la libertad de sus miembros y convergente con su fin que los embarga, tendremos que debe haber un respeto a las ideas y posicionamientos políticos de todos y cada uno de sus miembros y estamentos. Pero, no se trata de repartir y recalcar eslóganes, sino de analizar los hechos políticos, sus ideas inspiradoras, incluso interpretar sus ideologías, mediante un amplio y libre análisis y confrontación, con lo propio del espíritu universitario: racionalidad crítica. Esta indagación ha de tomar en consideración lo antropológico que contiene el primer párrafo de este papel. En este último aspecto nos situamos en la reflexión política, lo ejecutado es la acción política. Por esto, hay que despejar la incógnita.

La reflexión acerca de lo político no consiste sólo en el cometido de los estudios de Ciencias(s) Política(s). Pues la Universidad, por ser estudio-general, no queda reducida a la profesionalización de sus alumnos. Si la I+D+i se realiza con espíritu “glocal” (atender a lo local sin olvidar lo mundial), la asimilación cultural, su desarrollo y enseñanza, con transmisión crítica de cada asignatura se contextualizaría en un ambiente intelectual superior, en donde los valores comunes no queden ahogados por los intereses individualistas –de sujetos o de grupos-, a fin de mirar soluciones a largo plazo, humanistas.

¿Caben en este contexto las acciones políticas referidas? Si tales sucesos sólo pretenden influir para soliviantar actitudes de tipo político, o van más allá de los fines y competencias de la institución paciente de esos actos –apoderarse de espacios, imposibilitar funciones propias…-, promover hechos que interesan sobre todo a grupos o asociaciones de una sólo signo político…, parece que esos acontecimientos no se hallan a la altura de la Magna Institución, pues da la impresión de que esa brújula estaría estropeada y orientaría siempre hacia lo mismo.

La vida en el seno de la Universidad debería caracterizarse por la ausencia de bandazos. Así, reflexionar sobre lo político implicaría everiguar qué hay detrás de las apariencias, quién maneja los hilos, cómo afecta al bien común, si se destruye la unidad en la diversidad; cómo afecta esa manera de detentar el poder y sus consecuencias para el devenir de la civilización; si hay legitimidad y justicia, aunque los formalismos se ajusten al procedimiento legal; la interpretación de autoridad y poderío-supremacismo (creerse en la posesión de la bondad y la verdad). Pues, bien, esto puede suceder en todos los ciclos de la educación y en las diversas material de la carrera; sólo con la condición de no adoctrinar ni manipular las lecciones ni a los alumno.

 

 

 

 

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