EL CONSELLER DE SANITAT

Publicado en Levante, 26 de mayo de 2022

Pedro López

 

Hace unos días me encontraba fuera de Valencia, pero, como cada jornada, me asomé a los titulares de Levante-EMV como suscriptor digital. Mi sorpresa fue grata. Dicho en breve: ¡bingo! Como uno no lo sabe todo y no conoce todo, quizá haya alguien mejor; pero, desde luego, no más preparado ni más idóneo para asumir, en estos momentos, la Conselleria de Sanitat. Y no hago un panegírico, que no va conmigo; y además, me declaro libre de intereses al respecto.

Hablo desde la experiencia como paciente del Dr. Miguel Mínguez, flamante conseller de Sanitat. Y al que deseo vivamente que salga airoso del trance, pues preparación no le falta. No voy a reseñar lo que Levante-EMV ya ha acertado a decir. Por otro lado, me molesta hablar de mí, o desde mí, pero haré en esta ocasión una excepción.

Andaba más perdido que Amundsen en el polo sur, dando tumbos. El médico que me atendía me dijo: «Mira, esto necesita de alguien más experto que yo. Además, en el Hospital Clínico hay una unidad sobre el particular». Allá que me fui a mi centro de salud y me mandaron, como era de esperar, a la unidad de motilidad intestinal. Allí me recibió el Dr. Mínguez, que estuvo afable y atento. Desde el primer momento se entabló una espléndida relación médico-paciente. Me di cuenta, por mi formación biológica, que se trataba de una persona que sabía y, sobre todo, ¡que estudiaba! ¡Estaba al día! Y con un equipo motivado.

Una enfermedad crónica es siempre un incordio; pero él supo, desde el primer momento, tener una relación cálida, diría que entrañable, que se fue fortaleciendo en los casi 15 años que me ha venido tratando. Me llamó la atención no solamente su cordialidad, sino que además puso en mi mano su correo electrónico para que, en caso de tener algún problema o dificultad, le avisara directamente. En efecto, a lo largo de este tiempo, he recurrido, algunas veces, a escribirle. Casi siempre me contestaba el mismo día. Y si alguna vez se retrasaba un poco, me respondía pidiéndome disculpas.

Ha sido para mí el paradigma de médico cercano que, con el tiempo, ha derivado en una amistad. Solía contarme los avances y procesos de investigación que llevaba a cabo. A veces le preguntaba por alguna novedad, pero, como buen clínico, siempre mencionaba aquello de que del dicho al hecho hay un buen trecho. Que una cosa es lo experimental en laboratorio, y otra muy distinta la práctica clínica. Me llamaba la atención su sentido común: «Mira -venía a decir-, eso todavía no está comprobado»; o bien, «tiene un coste elevado, no sabemos del todo las repercusiones, y la mejora es inapreciable». No miraba el reloj para ver si había pasado mucho o poco tiempo: te dedicaba el necesario, explicándote las cosas. En mi caso, no era necesario que me lo detallara todo; pero no dejaba de susurrar lo que fuera necesario. Cuando tenía que acudir al laboratorio de la unidad, a primera hora de la mañana, me lo encontraba ya con la bata puesta.

Yo sé que he perdido a mi médico, por eso he escrito en modo verbal de pasado; pero no a un amigo. Sin embargo, los valencianos han ganado una persona capaz, empática, que sabe escuchar y ponerse a tu lado, trabajadora; que tomará las resoluciones justas, prudentes, adecuadas; y que asumirá las responsabilidades, a veces, poco gratas que conlleva un cargo como el que ostenta. No me cabe duda de que esta nueva carga le valdrá un mayor reconocimiento, aunque me parece que el doctor Mínguez no lo necesita para ser reconocido: es gratuidad.

 

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