DIOS Y EL BICARBONATO

Pedro López

Publicado en Levante, 10 de marzo de 2025

Aquel buen señor, conocido como el hombre del sombrero, padecía una úlcera gástrica. Aún no se había descubierto que era producida por una bacteria que ahora conocemos como helicobacter pylori. Sus descubridores fueron galardonados con el premio Nobel. El caso es que sufría bastante y, a veces, se le notaba en el rostro agriado y su mano posada sobre el abdomen. Sus ardores eran frecuentes y llevaba en el bolsillo un bote de bicarbonato sódico. Entonces, echaba un buen puñado en el cuenco de la mano lo mezclaba con el agua en un vaso, y a borbollones lo engullía. Con frecuencia añadía una frase que recuerdo perfectamente, aunque era un niño: «Yo en esta vida solo creo en dos cosas: en Dios y en el bicarbonato».

El bicarbonato fue sustituido por la sales de frutas. Los más veteranos se acuerdan de Eno, la marca; y del chiste del que va a pedir a la farmacia un bote de sales de fruta y el dependiente le dice ¿Eno? A lo que le contesta: ¡hombre, no va a ser vacío! Luego vinieron las sales –almagato- de aluminio y magnesio (el famoso almax); y más tarde, la cimetidina y la ranitidina que mejoraron todavía más las dolencias pépticas. Posteriormente entraron en acción los inhibidores de la bomba de protones (omeprazol) que es donde nos encontramos en la actualidad. Entre medias, el hallazgo de la bacteria antedicha y su tratamiento antibiótico hasta su curación. Lo que entonces amargaba la vida a un buen puñado de gentes, y llevaba incluso a operaciones de no muy feliz resultado, hoy carece de importancia porque se puede solucionar fácilmente.

Aquel hombre del sombrero no llegó a conocer todo este desarrollo de la medicina de los últimos años y murió casi en la era del bicarbonato. En cualquier caso, como es fácil comprobar, mantenía un error: el bicarbonato no es la mejor solución para la úlcera péptica; pero la ciencia de su tiempo no lo sabía. Lo cual quiere decir que su creencia, en realidad, solo se reducía a la existencia de Dios.

En nuestra época hay quienes creen en cosas similares al bicarbonato, por ejemplo, la ciencia y y la tecnología (el progreso), e incluso en el transhumanismo cuasi eterno, obviando que desde que surge un aparato nuevo, sea el que sea, ya es viejo; y que las teorías e hipótesis de trabajo en la ciencia se van sustituyendo unas a otras haciendo caduco cualquier libro de ciencia que tenga unos pocos años.

En definitiva, me parece que las nuevas generaciones son más consistentes, los que lo sean ciertamente, y que ya están de vuelta de creer en el bicarbonato. Ahora se despliegan sus creencias en cosas más profundas, con mayor credibilidad. Es serio lo que tenemos entre manos y mucha gente, la que depende de nosotros, como para que vivamos en la inopia, de jarana continua.

 

 

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