ARTE, HUMOR Y CRÍTICA: LA FALLA

Publicado en Las Provincias, 14 de septiembre de 2021 

 

Salvador Peiró i Gregori

Leo en LAS PROVINCIAS lo de la reacción de políticos ante la escena relativa al cuento de Hamelin con sus personajes, los cuales muestran una actitud de seguimiento obediente al flautista. La reacción del político, según se indica, es de insulto “nazis”, manifestación reforzada por la “personaja” política.

Sin entrar en el fondo del significado de la escena, que podría definirse con muchos hechosy cantidades, escritas concretamente en cada ratón, deseo mirar el sentido de la actitud ante el culturema “falla”.

Crítica significa juzgar. Se trata de efectuar un juicio lógico y de apreciación con relación a hechos. Cada falla escoge un asunto, de los sucedidos en la globalidad del año. Y, como diría Kant, hace un libre y público examen de los comportamientos que han girado en su torno. Popularmente se suela llegar a plasmar en un juicio desfavorable, objeción, desaprobación de ciertos actos. La imagen puesta por la falla en cuestión es bien patente. ¿Es tal actitud una maldad? ¿Ha sobrepasado límites relativos a la dignidad de cada sujeto? ¿Trata a alguien como roedor o sólo usa el personaje del cuento para mostrar otra realidad?

El monumento fallero es también arte. Hay en cada falla un conjunto de formas y colores que, con su balanceo proyectan cierto esplendor, con tal vehemencia, que atraen el interés del público. Imaginemos una síntesis de la escena en cuestión sólo escrita como tratado filosófico-político y en “pompeí”. ¿Quién la leería?

Lo que entiendo sucede es que la metáfora (es arte) de la falla es valiente en el uso de lo políticamente incorrecto. Entonces, la cuestión estriba en si la política debería tomar cartas en asuntos sólo culturales. ¿La escena buscaría o fomenta el odio? A mí me parece que es una denuncia sociopolítica. Como tal, hay que relacionarla con los valores éticos,así que cada ciudadano debería enjuiciar los hechos. En esto, como arte arrastra la atención del visitante para motivarle a que profundice en su realidad social y cultural cotidianas.

También es humor, porque se presenta graciosamente en forma de chiste, que da gracia a la situación. Por lo que contagia de concordia, aunque es humor socarrón, que pincha las conciencias. Así, tenemos un elemento más de educación en situaciones informales (tales no son escuelas, ni instituciones, nni agencias) para despertar las conciencias.

En esta encrucijada, ni todo arte proyecta humor, ni todo humor es artístico. La conjunción de arte con humores bueno porque nos lleva a la crítica, que señala un doble lenguaje, el discurso y la acción, etc. Defender esto en verdad significa entender y defender la cultura valenciana (que ahí está). Lo importante es que sea valioso para despertar a cada valenciano.

Conculcar este sentido fallero de nuestra profunda raíz parece un abuso de poder que disminuye la libertad de los falleros y, derivadamente, de todos los valencianos. Así no se conseguiría madurez democrática alguna. Lo que hay que hacer eseducar para traspasar la imagen para encontrar lo que hay más allá (hechos antivalencianos a nivel local, regional y nacional) de las apariencias (ratones). Pues, una imagen artístico-humorística puede cultivar en la crítica a centenares de miles de sujetos.

Si nos cargamos este envoltorio de las fallas, destrozamos una parte relevante de la cultura. Entonces, ¿suprimimos a Tirant lo Blanch? ¿Sacamos la crítica de la obra de Quevedo? ¿Qué hacer con la Codorniz o Hermano Lobo? Etc.

No debería bloquearse esa conjunción de arte con crítica y humor. Si suprimimos una de ellas, ya no tendríamos fallas, sino el NO-DO. Pues, en ese mundo fallero del arte, el monumento para la “nit del foch” sólo es admisible si se le une el sarcasmo o la ironía. De lo contrario, enfrentarse a ese espíritu cultural significaría actuar como un adolescente o infantil.

Este atrevimiento ¿puede ser más que lo hecho por Napoleón, que cerró las editoriales satíricas de Francia? Pensemos que el humor es un buen disolvente del totalitarismo. Si a este se le une el arte y la crítica, profundizamos en la cultura conectando generaciones históricas.

 

 

 

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